Orsigny, 27 septiembre 1646.
Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí la suya del día 11 de este mes, con el consuelo que acostumbran darme sus cartas, por el afecto que le tengo y por el agrado con que recibo todo lo suyo.
Alabo a Dios por la llegada del hermano Sebastián y la buena acogida que le han hecho los señores eclesiásticos que están con usted, y hasta el señor cardenal. Ruego a Nuestro Señor que le conceda la gracia de dejarles a todos contentos y de edificarles con sus buenos ejemplos. El padre Dehorgny también me ha dicho que ya ha salido el padre Richard para Génova. Creo que habrá llegado hoy con ustedes, a tiempo para echarles una mano en los trabajos de la ordenación, en ausencia del padre Blatiron, que usted me dice que sigue todavía al lado de la esposa del mariscal de Guébriant. También alabo a Dios de que ella esté contenta con sus servicios y apruebo de buena gana que siga con ella mientras lo necesite. No deje usted de seguir adelante, con la ayuda de Dios, en su cargo y en sus ocupaciones, ya que la obra de Nuestro Señor no se lleva a cabo tanto por la multitud de obreros como por la fidelidad del pequeño grupo al que ha llamado. Y como sé que está usted lleno de celo y de caridad, espero que obtendrá muchas bendiciones en sus faenas, si nuestro común Amo desea concederle las gracias que le pido.
Le ruego, padre, que le encomiende a mi pobre alma, ya que soy en su amor su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova.







