París, 14 septiembre 1646.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me siento tan consolado al recibir sus cartas que no puedo menos de lamentarme al no recibirlas- así ha ocurrido esta semana, que su privación me ha llenado de preocupación por usted y por el padre Blatiron, del que no he tenido ninguna noticia desde que se fue a atender a la señora de Guébriant. Por mi parte, procuraré continuar siempre que pueda relaciones epistolares en todos los correos, aun cuando actualmente no tengo nada que decirle más que lo que le escribí hace ocho días, o sea, que el padre Dehorgny está esperando las primeras lluvias para enviarle al padre Richard, tal como me ha asegurado por dos veces; esto me hace creer que, si no ha llegado aún a Génova, llegará pronto. El sujeto es tan bueno que al padre Dehorgny le ha costado mucho quedarse sin él; además, por no poder enviarle a nadie más adecuado, le hemos enviado de aquí a un hermano coadjutor muy ejemplar y de mucha paciencia; haga el favor de decirme si ha llegado ya y qué le parece.
Espero que sus trabajos se moderarán ahora un poco, sobre todo cuando el padre Blatiron le indique al señor cardenal arzobispo el peligro al que le tiene expuesto por la ocupación continua que le ha dado, que en esto le obliga a usted a faltar a la práctica ordinaria de la Compañía y a las recomendaciones que tantas veces le he repetido de que descanse usted de vez en cuando. Le ruego al padre Blatiron que se lo haga entender de una vez para siempre; espero que lo tendrá en cuenta.
El padre Guérin, que está en Túnez, me dice que puede mantener fácilmente correspondencia con usted, ya que llegan frecuentemente allá algunos barcos del principado de Génova. Me gustaría mucho que así fuese, tanto para que pueda distraerse un poco el padre Guérin, que bien lo necesita, como por el consuelo que usted sentirá con la lectura de sus cartas. Cuando yo recibo alguna de las suyas, siento siempre una especial satisfacción.
No le escribo al padre Blatiron, pues no sé si habrá regresado. Si ya se encuentra allí, que sirva esta carta para usted y para el.
Les saludo a ambos, postrado en espíritu a sus pies y encomendándome humildemente a sus oraciones. Las mismas tienden a que quiera Dios conservarles y darles cada vez más una amplia participación en su espíritu, y a mí la gracia de darles a conocer hasta qué punto soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión de Génova.







