París, día de san Bartolomé 1646.
Padre:
Sólo Dios podría expresar el consuelo que siento con usted con el padre Martin por todo lo que hacen. Celebraré gustosamente la misa para que su divina bondad santifique cada vez más sus queridas almas. Acabo de escribir al padre Dehorgny lo que acabo de decirle y le ruego que, si no lo ha hecho todavía, les envíe a ustedes al que les ha destinado.
El buen padre Jegat, a quien conoce el padre Martin, ha muerto en La Rose. Lo encomiendo a sus oraciones.
Nuestra fundación de Saint-Méen sufre la persecución de los religiosos reformados, que quieren echarnos de una abadía, renta de los religiosos, que había ofrecido el señor obispo, con permiso del rey y del Gran Consejo, para seminario de la Compañía. Ayúdenos a honrar la expulsión de Nuestro Señor de ciertos lugares y los actos de virtud que entonces practicó, y ruegue por aquellos religiosos, a los que quiero más que a mí mismo y a quienes he procurado servir en todas las ocasiones, como a nuestra pobre Compañía.
Al mismo tiempo Nuestro Señor, que da la vida y la muerte, nos ha consolado con las maravillosas y casi milagrosas bendiciones que ha derramado sobre una misión que acaba de celebrar el padre Gallais, por los rincones del Maine, durante cuatro meses. Le envío su carta al padre Guérin, en Túnez.
Ya hace bastante que le enviaron las cosas que usted pidió. Creo que las habrá recibido y que el buen hermano que le enviamos llegará al mismo tiempo que la presente.
Creo que será mejor nos mande usted al hermano Pascual y que tome usted algún muchacho para el servicio, hasta que podamos enviarle algún otro.
Abrazo desde aquí al buen padre Martin con toda devoción, lo mismo que a usted, a quien quiero más que a mí mismo. Soy su más humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión.
Puede retener al hermano Pascual todo el tiempo que [lo necesite].







