[Por julio de 1646]
Cuando le escribí sobre el orden que guardamos en nuestras misiones, me olvidé de decirle lo que hacemos para instruir al pueblo y para aliviar a los confesores. Tenemos dos jóvenes eclesiásticos que, fuera del tiempo del catecismo, enseñan los misterios a todos los que quieren confesarse; y cuando están suficientemente instruidos, les dan una pequeña nota impresa para este efecto; los penitentes se la presentan a su confesor, que de esta manera está seguro de que aquel penitente que viene a confesarse está bien instruido en las verdades cristianas; y así no tiene que molestarse en preguntarle. De esta forma los confesores se dan más prisa y no obligan a esperar a los que rodean sus confesionarios.







