Padre:
La señora Traversay y la señorita Viole acaban de marcharse y le envían sus saludos más humildes. La última me ha dicho que le diga que su hermano le ha indicado que el señor abogado general le había dicho de buena fuente que una persona que había servido a la reina le había pedido a ésta que le permitiera quedarse con las ofrendas de los portadores de grano, y que, si se adelantan los que van a pedírselo, se quedarán sin ello los niños. Esa buena señorita tiene mucho interés en que usted lo sepa.
También me había dicho la señora de Liancourt que le hablase de las pensiones de los monjes legos de cada abadía, que ella quiere proponer a la reina darlas a los lisiados. Si usted cree que no debe hacerlo, haga el favor de avisárselo y de pensar delante de Dios cómo puedo serle fiel yo en mis obligaciones, si no tengo más dirección que mi propia voluntad, que es la que me parece seguir siempre; esto es un gran impedimento para que pueda cumplir la voluntad de Dios, en la que soy, padre, su muy obligada servidora e indigna hija.
L. DE MARILLAC
16 de diciembre [de 1643]
Dirección: Al padre Vicente







