Vicente de Paúl, Carta 0659: A Bernardo Codoing

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, 25 de diciembre de 1642.

Padre:

¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Recibí anteayer su carta sobre la tercera misión que han dado, así como las disposiciones del señor vicegerente a propósito de los ordenandos; voy a contestarle en general, ya que no puedo hacerlo detalladamente, pues aquel mismo día se la entregué a la señora duquesa de Aiguillon, junto con la que usted le escribió.

Empezaré, pues, diciéndole que me he visto más impresionado de lo que puedo expresarle ante el peligro que ha corrido su vida y el daño que le han hecho esos bandidos. ¡Cuánto le agradezco a Dios que le haya conservado! En nombre de Dios, padre, cuide de su salud. Lo que usted me dice de su indisposición me aflige también mucho.

Le doy también gracias a Dios por haberle puesto ya del todo en el asunto de los ordenandos. Por aquí no disponemos de fondos. Haré todo lo que me sea posible; pero la miseria de la guerra ha enfriado los corazones de los que podrían contribuir. La Providencia ha permitido que no se haya llevado a cabo la fundación de Richelieu. El difunto señor cardenal había vendido las secretarías de Loudun, con el plan de poner su precio en fincas rurales, como lo hizo; pero ha muerto antes de entregárnoslas, a pesar de que y me había enviado el proyecto para ello, sin firmar, dos o tres días antes de su muerte. Hay que alabar a Dios. Ya veremos qué es lo que querrán hacer sus herederos.

Tampoco está segura la fundación de Crécy, que carece de lo indispensable para el mantenimiento de las dos personas que allí deberíamos tener; y esto nos obliga a prescindir de ella, al no tener socorros por allí ni por aquí, ya que el rey se quedará este año y un trimestre del año que viene con nuestras rentas de Angers, con las de Ponts-de-Cé que pertenecen a la casa de Troyes, y que suman en total unas veinte mil libras; y no sabemos quid futurum sit para los años siguientes. ¡Bendito sea Dios!

Todavía no nos han pagado los coches de Soissons, que les pertenecen a ustedes, a pesar de que se lo pedimos todos los días; y esto por ciertas dificultades que han surgido en el negocio. Nos hemos quedado con el dinero de ustedes por ciertas dificultades que se han presentado. Hemos entregado mil cinco libras para pagar una letra de cambio del señor Boice, según órdenes del señor Marchand y la carta de usted del mes de junio. Haga el favor de decirme cuánto dinero ha tomado usted de ahí sobre la suma que la señora duquesa había enviado y que nosotros le mandamos anteriormente, y cuánto le queda aún por aquí.

Le he hecho algunas insinuaciones sobre la importancia de esa obra a cierta persona; me refiero a la obra de Roma; ya veremos si esto surte efecto; ha sido a la misma duquesa de Aiguillon. Ya veremos cómo responde y se lo indicaré en el próximo correo; y si Dios quiere que esto salga bien o provea desde ahí, enviaremos al padre Brunet y al padre Blatiron. Había destinado a este último a Saintes, pero lo retendré aquí hasta que hayamos visto lo que se puede hacer. Dentro de dos días entrará en el seminario. Tenemos otros dos eclesiásticos muy sabios, que se acomodan muy bien a los ejercicios interiores y exteriores, incluso a nuestra forma de predicar, según me dice el padre Alméras de la misión que han tenido en Clichy. Uno era profesor de filosofía bastante importante de Lisieux Si estuviesen un poco más hechos, se los mandaría, o a uno de ellos por lo menos.

Tenemos doce o catorce alumnos, parte en filosofía y parte en teología, estudiando aquí. No puede usted creer, padre, la bendición que les da nuestro Señor por el método que sigue la compañía Cuando estén ya bien preparados, tendremos con la ayuda de Dios medios para poder ayudarle. Todos ellos han pasado muy bien su tiempo de seminario, gracias a Dios. Sin embargo, vamos a despedir a uno de ellos, porque tiene un espíritu poco indicado para las letras y le cuesta mucho comprender las cosas.

Nuestro seminario está bastante lleno, por la misericordia de Dios; hay 36 o 38. Hemos recibido a 7 el mes último; todos ellos ofrecen esperanzas, por la misericordia de Dios. Creo que nuestro Señor nos concede este favor al ver la fidelidad que tiene la compañía en purgarse de los incorregibles. Estos días pasados me decía a este propósito uno de los de aquí que seis de los mejores no hacían tanto bien en la compañía como daño uno solo incorregible. Uno de los que despedimos me escribió hace cuatro o cinco días que, .i no lo recibimos, nos mataría a mí y a algunos otros de la compañía, o nos pegaría fuego y se colgaría a la puerta. Nuestro Señor me da la voluntad de correr este riesgo antes de recibir en la compañía a una persona que ha vivido como él.

Se nos amenaza también con que el padre N., al que por dos veces le escribí que se saliera de la compañía, se pondrá a escribir en contra nuestra. In nomine Domini, más vale ofrecerse a las maledicencias de un hombre que tener a uno de ese estilo. Ay, padre! Qué el lo que hemos dejado de hacer por ponerle en el buen camino de los demás? El mismo le decía a una señora de insigne piedad que me había hecho más daño que todos los demás juntos. No me importa lo que me haya hecho a mí; pero la verdad es que ha hecho mucho daño a la compañía. Diez que sean como deben ser valen como ciento; y ciento que no hayan sido llamados, o que no respondan 3 los designios de Dios, no valen ni como diez. Dios mismo nos lo indicó cuando, antes de darse una batalla, mandó publicar que se retirasen todos los perezosos y los que se hubiesen casado, o plantado una viña, o construido una casa aquel año, sabiendo que esos serían de más daño que provecho en el combate.

Me indica usted que sería de desear que estuviera en Roma la residencia del superior general; es una cuestión importante. Si nuestro Señor me diese fuerzas para ir a visitarle (quede esto entre nosotros), in nomine Domini, ya veríamos. Encomiende este asunto a Dios; no es preciso que yo piense en mí mismo; el deseo que tengo de verle a usted y a toda esa compañía podría provenir de la naturaleza.

El señor mariscal de la Meilleraye ha sido nombrado gobernador de Bretaña y se va dentro de diez días para reunir a los Estados. La señora duquesa le hablará de San Ivo y le entregará la memoria que usted le envió. Ella me dijo que el señor cardenal estaba lleno de ilusión por… ¡Bendito sea Dios de que la Providencia haya dispuesto las cosas de otro modo! Hemos celebrado dos oficios solemnes y hemos dicho varias misas por él. Haga el favor de celebrar también usted algunas por ahí. Encomiendo también a sus oraciones al señor cardenal de Gondy. ¡Cuánto hemos perdido también con él!

Tengo miedo de olvidarme de un aviso que he de repetirle, esto es, recomendarle que nunca escriba sobre los asuntos de Estado, ya que puedo asegurarle que, aparte de ser esto contrario a nuestro espíritu y, según creo, al de nuestro Señor, todas las cartas corren el peligro de ser leídas. Además, hemos de ser fieles a la práctica que tenemos de no meternos en esas cosas ni en las noticias del mundo.

Esto es, padre, poco más o menos, lo que he de decirle por ahora. Abrazo a usted y a sus compañeros, postrado en espíritu a los pies de todos ustedes, y soy en el amor de nuestro Señor…

Me olvidaba de decirle que es conveniente y conforme con el uso de todas las comunidades bien reguladas, que los superiores particulares dejen a sus inferiores la libertad de escribir al superior general, sin ver sus cartas, ni las respuestas del superior general a los mismos. Le ruego, padre, que se lo diga a la comunidad, como yo se lo digo también al padre Germán, que me ha dicho cosas muy buenas de usted, que de otra manera yo no hubiera podido

Dirección: Al padre Codoing, superior de los sacerdotes de la congregación de la Misión de Roma, en Roma.

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