París, 8 de octubre de 1642.
Padres:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Ya les escribí que la providencia de Dios les llama a Roma para una nueva fundación que allí se hace de una casa de la compañía, rogándoles que salgan para allá al día siguiente de recibir esta carta; al señor obispo de Alet le he escrito también para suplicarle humildemente que lo acepte y que les preste veinte escudos para el viaje.
Irán directamente a Marsella, donde encontrarán ustedes al padre Rose y al hermano Pascual, de la compañía, que saldrán pasado mañana y estarán en Marsella alrededor del día 26. Les presentaré al señor comendador de Forbin, que manda las galeras, y le pediré que les haga subir a una o dos galeras de las que lleva a Roma, ya que se presenta esta ocasión tan ventajosa en todos los sentidos. Diríjanse también ustedes a dicho señor comendador. Me parece que me han dicho que las dos galeras están en el puerto de Toulon, a diez leguas más allá de Marsella. Le ordenaré al padre Rose que se dirija allá, si no las encuentra en Marsella. Hagan ustedes lo mismo, después de haber hablado con el señor comendador, que les entregará dinero, si lo necesitasen por cualquier cosa, si no es que él mismo, como le he rogado muy humildemente, no manda que les entreguen cien libras.
Les escribiré por medio del padre Rose, ya que no puedo hacerlo por ahora. pues me están dando prisas para ir al entierro del buen padre Pillé, que ha vivido santamente y ha muerto lo mismo, con una gran estima de nuestra vocación por encima de todo lo que podría decirse. Le pedí varias veces la bendición para ustedes y para mí. Les enviaremos una comunicación más amplia después de la conferencia que tengamos [sobre] ese [tema] Lo encomiendo a sus oraciones y soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión







