París, 19 de agosto de 1642.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Estoy preocupado por no haber recibido carta suya en el último correo. Tengo miedo de que esté usted indispuesto. En nombre de Dios, padre, cuide de su salud, sobre todo durante estos días de la canícula. No le recomiendo que cuide de sus compañeros, porque ya sé que lo hace, gracias a Dios.
Me ha satisfecho mucho todo lo que cada uno de esos padres me ha escrito a propósito del último retiro; ruego a Dios que les conceda a todos la gracia de ser fieles a las santas resoluciones que han tomado. Su bondad me perdonará que no les escriba a cada uno en este viaje.
Le escribí anteriormente que es conveniente que dedique algún tiempo más para el ejercicio de los ordenandos, a fin de que usted y la compañía estén en disposición de tener las pláticas y las repeticiones, sin tener que utilizar a ningún otro para ello; la experiencia me ha hecho ver las consecuencias que de ello se siguen.
La señora duquesa de Aiguillon, además de la fundación de Roma, ha hecho otra de mil libras de renta sobre los coches de Orleáns para mantener a tres misioneros en Nuestra Señora de la Rosa, para que sirvan en la diócesis de Condom, que le pertenece, lo mismo que la de Agen. Ya hemos enviado a los tres misioneros de esta fundación, bajo la dirección del padre Soufliers. hace dos días.
El señor de Saint-Aignan sigue preocupado por el asunto de Saint-Eutrope. Podría usted obtener un breve para nombrar jueces in partibus, sin que esto se divulgara? Si así es, habría que nombrar a los obispos de Beauvais, de Meaux y de Senlis Hágalo usted de forma que no aparezca que se ha mezclado usted abiertamente en ello.
Le recomiendo expresamente la dispensa del voto de las carmelitas y el asunto del señor obispo de Puy.
Por aquí empieza a notarse cierta envidia por la tarea que se les piensa dar a ustedes ahí, según temo, y no sé a qué atribuir las quejas que ciertas personas religiosas tienen de nosotros. La caridad, la humildad y la paciencia irán disipando estas nubes, como espero.
Envíeme las cartas de los de esa casa que escriban a alguno de los de la compañía de Francia; haga el favor de no decir nada de esto a nadie.
Abrazo a todos sus compañeros con el afecto y la humildad que me es posible, y soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
Dirección: Al padre Codoing, superior de los sacerdotes de la Misión, Roma.







