1642.
Aunque me considero incapaz de poder agradecerle dignamente tanto honor y tantos bienes como hemos recibido por su medio en nuestra parroquia, no puedo mantener prisionera esta verdad de que, después de Dios, es usted en cierto modo nuestro salvador, por medio de esos buenos padres que nos ha enviado y que han logrado maravillas en este lugar. Se han ganad o hasta tal punto el afecto del señor de Saint-Cyr que tengo miedo de que caiga enfermo al verse sin su presencia, yo me creo incapaz de expresarle mis sentimientos, ya que estoy demasiado triste para poder decirle otra cosa.







