Señorita:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
¿Está usted enfadada conmigo por no haberle dado noticias mías desde su regreso? El continuo ajetreo en que me encuentro me ha impedido ir a verla. Me lo había propuesto para hoy, que he ido a ver al señor Villecot; pero como se me echó encima la hora de irme a Santa María, no he podido hacerlo. Espero, sin embargo, que me lo perdonará usted y que me dirá cómo se encuentra.
Entretanto le deseo buenos días y soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL







