[Antes de 1650]
Al consuelo que Dios ha querido darme por medio de su caridad, la divina bondad ha querido concederme uno nuevo, dándome a conocer en otro asunto que su providencia no abandona los pecadores, ya que me envió a la señora de Marillac a decirme que ella creía que yo estaba molesta y que me rogaba que se lo dijese con libertad, para entregarme la ayuda que me había ofrecido su señora madre y que todos los años ascendía a cierta cantidad. Le he confesado con toda sencillez mi preocupación y le he dicho que no tendría necesidad de nada, si mi hijo tuviese algún cargo.
Ella fue a verle a usted por este motivo, pero había salido; quería preguntarle cómo había recibido el señor de Beauvais la propuesta que ella le había hecho, y cuál era su parecer en este asunto; y como no sabe en qué forma tiene que hablar con él, y ha de marcharse mañana o pasado mañana, ella y yo le suplicamos a usted con toda humildad que haga el favor de escribirle unas palabras sobre ello a dicha señora de Marillac, si lo cree usted oportuno. Es lo que ella quiere, temiendo que usted tuviese que decirme alguna cosa que pudiera apenarme.
No sé si será mi orgullo el que me da pena de la pena que causo a los demás. Debería ser mucho mejor, ya que tengo, padre, el honor de ser su muy humilde hija y muy reconocida servidora.
L. de M.







