París, 9 de agosto de 1640
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le envío por fin la vida de san Venerando, que me había pedido.
No le puedo enviar todavía la carta del señor nuncio, ya que no me he atrevido a verlo por las razones que le indiqué. Podré hacerlo a su regreso a la corte.
Hemos pagado la letra de cambio de trescientas libras, pagando ciento cincuenta más por el cambio.
Vuelvo de nuevo a la idea que antes le indiqué, de hacer mi propósito en el primer año de seminario, los votos simples a finales del segundo año y un voto solemne de acabar nuestros días en la compañía después de varios años de haber entrado en ella.
Me parece muy bien lo que dice el reverendo padre asistente de que esto no nos convierte en religiosos, trátelo con él un poco más detalladamente.
Espero que en su próxima carta me responda a las muchas cosas de que le he escrito: de la unión de la casa del Espíritu Santo de Toul, de la de los dos prioratos en la diócesis de Langres, de los asuntos relativos a un monasterio de san Francisco que poner bajo la dirección del señor arzobispo de París; y le pido también una dispensa según le escribió el padre Soufliers y el testimonio in forma pauperum, y soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
Espero la respuesta sobre Pernambuco de las Indias. Le he escrito al señor Le Bret en favor de la congregación de santa Genoveva; asegúrele mi obediencia y mis servicios con las personas que él ya sabe, cuando se encuentre con él. Le digo que le hablará usted de la santidad y de la reforma de Santa Genoveva.
Dirección: Al padre Lebreton, sacerdote de la misión, en Roma.







