Vicente de Paúl, Carta 0450: El padre Roussel a san Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1972 · Source: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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Bar-le-Duc febrero de 1640

Ya conoce usted la muerte del padre Montevit, a quien había enviado usted acá. Sufrió mucho en su enfermedad, que fue muy larga, y puedo decirle con toda verdad que no he visto jamás una paciencia tan grande y tan resignada como la suya. Nunca le oímos decir ni una sola palabra que denotara la menor impaciencia. Todas sus conversaciones reflejaban una piedad poco común. El médico nos decía con frecuencia que nunca había tratado a un enfermo tan obediente y tan sencillo. Comulgó muchas veces durante su enfermedad, además de las dos veces que comulgó bajo la forma de viático. Su delirio de ocho días completos no le impidió recibir la extremaunción con plena conciencia, que recobró cuando se le administraba este sacramento y volvió a perder inmediatamente después. En fin, murió como a mí me gustaría morir y como le pido a Dios que me lo conceda.

Los dos cabildos de Bar asistieron a su entierro, así como también los padres agustinos; pero lo que más honró sus exequias fueron los seiscientos o setecientos pobres que acompañaron su cuerpo, todos con un cirio en la mano, llorando con tanta pena como si asistiesen al funeral de su propio padre. Los pobres le demostraron de esta forma su gratitud por haber contraído esa enfermedad al curar sus males y al aliviarles en su pobreza; siempre se le veía con ellos y no respiraba más aire que su mal olor. Oía sus confesiones con tanta asiduidad, por la mañana y después de comer, que nunca pude conseguir de él que se tomase el descanso de venir – una sola vez a pasear conmigo. Lo hemos hecho enterrar junto al confesionario donde contrajo su enfermedad y donde hizo buen acopio de los méritos de que ahora goza en el cielo.

Dos días antes de su muerte, cayó enfermo su compañero con una fiebre continua que le puso durante ocho días en peligro de muerte; ahora ya está bien. Su enfermedad se ha debido a su trabajo excesivo y a su largo trato con los pobres. El día antes de Navidad estuvo veinticuatro horas sin comer y sin dormir, ya que no dejó el confesionario más que para ir a decir misa. Sus padres son muy dóciles y asequibles en todo, excepto cuando se les aconseja que se tomen un poco de descanso. Se imaginan que su cuerpo no es de carne, o que su vida no tiene que durar más que un año.

En cuanto al hermano, se trata de un joven sumamente piadoso; ha servido a los dos sacerdotes con toda la paciencia y abnegación que hubieran podido desear los enfermos más exigentes.

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