París, 1 de febrero de 1640
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Acabo de recibir la suya del 3 de enero, por la que veo las bendiciones que nuestro Señor concede a sus trabajos, por las que le doy gracias, rogándole que le conserve largos años para su gloria y para bien de esta pequeña congregación. A usted, padre, le suplico que haga todo cuanto pueda, que modere sus trabajos y que se alimente bien. Las pequeñas indisposiciones que ha sufrido se deben a la falta de alimentación, según creo.
He pagado la letra de cambio de las cien libras que recibió usted del señor Marchand hace unos dos meses, junto con las cincuenta libras del cambio, y lo mismo haremos, Dios mediante, con todo lo que reciba usted. Le ruego, padre, que no deje de tomar lo que necesite.
Alabo a Dios de que el reverendo padre asistente y usted mismo hayan aprobado el último proyecto que les envié, y respeto las modificaciones que ustedes han hecho. Las consideraré más detenidamente y les escribiré cuanto antes.
Me parece, padre, que hará usted bien en trabajar insistentemente por la fundación de Roma, alquilando para ello algún pequeño apartamento, e incluso comprando una casita, si se encuentra alguna, por tres o cuatro mil libras, aunque pequeña y en cualquier lugar que sea, dummodo sit sanus. No importa que sea en alguno de los arrabales, ya que no pretendemos actuar públicamente en la ciudad. El barrio junto al Vaticano no queda muy lejos. Estoy tan seguro de la bondad del señor Marchand de que le entregará dicha suma, que se la entregaremos aquí en el momento preciso. Es necesario que nos situemos en ese lugar, bien sea en la ciudad misma o en alguno de los arrabales.
Le enviaré sus cartas al señor de Trévy, y la suya a su primo, junto con los tres breves de Roma.
Nuestros misioneros, cinco en total, destinados a la diócesis de Ginebra, partieron hace tres días. Hay uno preparado para enviárselo a usted, si se obtiene la fundación.
Por lo que se refiere a la bula de nuestra confirmación en la última forma, le ruego que me envíe el proyecto abreviado que le mandé. Dentro de ocho o diez días le escribiré si es preciso atenerse a este último, según dichas modificaciones, sin aguardar el resumen, y le enviaré igualmente la nota sobre el orden que ha seguido la Providencia en la fundación de nuestra compañía. Hasta ahora no había querido escribir nada sobre ello; pero me parece que es voluntad de Dios que obremos de esta manera, ya que son muchos los que nos advierten sobre la conveniencia de hacerlo.
Entretanto soy, en el amor de nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y muy obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Dirección: Al padre Lebreton, sacerdote de la Misión, en Roma.







