Mi queridísima madre:
La gracia de la unión de los corazones de Jesucristo sea con nosotros.Recibí la que plugo a su caridad enviarme, y se la agradezco muy humildemente, así como también todas las bondades que su querida alma se ha dignado tener con la mía tan ruin y con esta pobre Compañía, y ruego a Nuestro Señor, que le ha concedido tan abundantemente parte en su espíritu, que aumente hasta el infinito su recompensa, quedando yo muy pesaroso, mi queridísima madre, por la pena que le he dado en los motivos referentes a la resolución de este asunto. Pero ¡qué! La caridad es paciente. Mi querida madre, ¡cuántos motivos tiene para esperar un hermoso florón en su corona por la paciencia que su caridad tiene con nosotros en este asunto! Por eso, mi querida madre, ruego a Nuestro Señor y a usted, que no deje de soportarnos en las molestias que le causamos.
El padre Dufestel me indica que la bondad del señor comendador cede de sus sentimientos para acomodarse a mi miseria y que conviene que yo haga escribir al señor procurador general de forma que hable él luego con los señores magistrados. Le suplico, mi querida madre, que se lo agradezca de mi parte, tal como yo lo hago con toda la humildad que me es posible, y que le diga que pongo esta gracia entre las mayores que de él he recibido, y que, dentro de dos o tres días, tendré la felicidad de ir al señor procurador general en el campo, donde está, y pedirle que escriba, según el sentido que dicho señor comendador ordenó al padre Dufestel que la carta fuera escrita.
Empiezan ya a reunirse nuestros misioneros destinados a la diócesis de Ginebra, o sea, uno de ellos, de la enfermedad de que ha salido. Espero que estará en situación de partir lo más tarde para el diez de octubre.
Le suplico, mi querida madre, que vuelva a presentar mis excusas al señor comendador por este asunto y que esté segura de que mi alma está llena de gratitud por las obligaciones que con usted tenemos, y que será, mi querida madre, en el tiempo y en la eternidad, y yo, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
París, 27 de septiembre de 1639.







