… Le deseo buenos días, con el corazón todavía lleno de consuelo por la conferencia de nuestras buenas Hijas de la Caridad. Me parece que jamás he admirado tanto la bondad de Dios y su providencia, como lo he hecho y lo sigo haciendo todavía en esta ocasión. ¡Oh señorita, quién nos diera suficiente humildad para ver nuestro lugar en el fondo de los infiernos, si no somos fieles a sus designios eternos para servirle según su deseo, y no nos abandonamos por entero dirección tan maravillosa y tan amable!
Vicente de Paúl, Carta 0417: A Luisa De Marillac







