Su medicina, señorita, me ha hecho efecto nueve veces. Las aguas no me han aprovechado nunca durante la fiebre ni en Forges ni aquí. Pero lo probaremos; pues tenemos aquí aguas suficientes para su servicio, por si las necesita. Mi pequeña fiebrecilla es, como dice, doble-terciana; pero en esta estación ya sabe que suelo tenerla de ordinario doble-cuartana, tal como la he tenido ya este otoño.
Hará bien haciendo que venga la señora Turgis.
Le suplico me indique cuántas niñas quedan todavía. Y ¿que es lo que hace para su dolor de cabeza? Creo que quizás tenga necesidad todavía de purgarse un poco.
Me agrada mucho lo que me dice de su pequeña pena. Bien, Nuestro Señor será su consuelo, como se lo pido con todo mi corazón, rogándole que haga lo posible.
Soy, en su amor, su muy humilde servidor,
V. D. P.







