Vicente de Paúl, Carta 0408: A Santa Juana Francisca Fremiot De Chantal

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1972 · Source: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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París, 15 de agosto de 1639

Mi queridísima y digna madre:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí la suya sin fecha, que me ha hecho el honor de enviarme el señor comendador, sin fecha, y puede imaginarse, mi dignísima madre, con cuánta reverencia y afecto la hemos leído, ya que es una carta de mi única madre y está llena del olor y de la suavidad de su espíritu. ¡Jesús! ¡Mi querida madre, cómo ha perfumado mi pobre corazón! Pues bien, ¡bendito sea aquél por cuyo amor se ofrece su bondad a recibirnos, darnos alojamiento y mueblaje!.  No le doy las gracias por ello, mi querida madre, porque no soy digno; pero ruego a Dios que sea El mismo su paga y su recompensa….

De lo que me dice su caridad sobre la misión, que se establezca de forma que no falle nunca por falta de hombres, ni de dinero; pues bien, le diré, en cuanto a los hombres, mi querida madre, que la confirmación de la Compañía, que le he dicho tramitamos en Roma, en la carta que le escribí desde Troyes, supone la confirmación de los lugares particulares en donde se establezca, con la ayuda de Dios, que yo le ruego pida para este efecto; y, en relación con los bienes, le diré que el señor comendador me ha hecho el honor de decirme que, cuando venda sus bienes, nos entregará el fondo de la renta que nos ha dado, y que utilizaremos como fondos de la herencia en ese barrio tanto como sea preciso para el mantenimiento de esos dos misioneros y de un hermano; y que, siendo así, si quiere Nuestro Señor dar su bendición sobre esta obra buena, no habrá ya falta de hombres ni falta de dinero. El señor comendador parece incluso que no quiere que la cosa quede en ese número. ¡Bendito sea por ello el santo nombre de Dios!

Le he dicho muchas cosas en alabanza de esta pequeña Compañía. Ciertamente, mi querida madre, esto me da miedo; por eso le suplico que lo disminuya mucho y que no diga nada a nadie. La excesiva reputación daña mucho y ordinariamente hace, por un justo juicio de Dios, que los efectos no respondan a lo que se espera, bien sea porque se cae en hinchazón de espíritu o porque el público refiere a los hombres lo que sólo a Dios le es debido. Por eso suplico muy humildemente a su caridad que no mantenga en su espíritu los pensamientos que le podría inspirar lo que dice de nosotros el señor comendador, y menos aún que hable a nadie de esto. ¡Ay!, mi digna madre, ¡si conociese nuestra ignorancia y la poca virtud que tenemos, tendría gran piedad de nosotros! Ya lo verá, en efecto, cuando conozca a esos dos que enviamos; y esto es lo que me consuela, ya que rogará a Dios por nosotros con más compasión de nuestra miseria; y como le he dicho todo esto con lágrimas en los ojos, viendo la verdad de cuanto le digo y las abominaciones de mi pobre alma, le suplico, mi querida madre, que ofrezca a Dios mi confusión por ello y la confesión que le hago en presencia de su divina Majestad, y que me perdone si abuso de su paciencia comunicando así mis pobres sentimientos, ya que soy para mi dignísima y mi muy única madre, en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, mi dignísima madre, su muy humilde y muy obediente servidor.

VICENTE DEPAUL

Sacerdote de la Misión

Mi digna madre, el señor comendador desea que le envíe una memoria del pequeño mueblaje que necesitamos y que su caridad tiene que proporcionarnos.

Dirección: A mi reverenda madre de Chantal, fundadora de la Orden de la Visitación y superiora del monasterio de Annecy, en Annecy.

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