Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me parece que está con el corazón oprimido. Tiene miedo de que Dios esté disgustado y que no quiera el servicio que le hace, ya que la quita a sus hijas. Ni mucho menos, señorita. Si obra de esa manera, es una señal de que la quiere; porque la trata como a su querida esposa la Iglesia, en cuyos comienzos no sólo hacía morir a la mayor parte de muerte natural, sino también por medio de suplicios y tormentos. ¿Quién no habría dicho, al ver esto, que estaba encolerizado contra aquellas jóvenes y santas plantas? No crea, pues, eso, sino todo lo contrario.
Puesto que le parece bien, haré buscar a esa Juana la mayor, o si sabe dónde está, envíemela, si le parece. He dicho a la señora de Herse lo que ella es.
Huberto no ha ido a Picardía; no sé si enviarlo tan pronto. Irá a ver a su hermano antes de partir.
Yo no conseguiré nada con ese sacerdote; usted conseguirá con él más que yo.
No tiene por qué temer mi partida. Esté tranquila; se ha interrumpido mi viaje. El primer viaje largo que preveo, es el de Pontoise para mañana.
En nombre de Dios, señorita, aprecie su indigencia y esté tranquila. Ese es el honor de los honores que puede dar actualmente a Nuestro Señor, que es la tranquilidad misma.
¿Podría ir hoy a casa de la señora presidenta Goussault? Mucho me agradaría. Eso la distraería un poco en medio de los continuos trabajos que tiene. Entretanto. soy en el amor de Nuestro Señor,
V. D.
Dirección: A la señorita Le Gras.







