Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me llena de gozo el ver cómo Nuestro Señor le da fuerzas en los ejercicios; pero, en nombre de Dios, no le tentemos. Acabe esta tarde y añada a su confesión lo que haya pasado después, y esto sucintamente; es un poco demasiado larga en ella y me gustaría que enseñase a sus hijas a ser más cortas. Basta con que se acusen de tres o cuatro defectos que les causen mayor confusión. Creo que las pobres hijas no cometen ningún pecado mortal, gracias a Dios, y basta con que se acusen de dos o tres pecados veniales, e incluso de uno solo, ya que son materia suficiente y no necesaria de la confesión.
Hasta ayer por la tarde no recibí su paquete, porque la noche pasada dormí en Bons-Enfants, y todavía no he podido ver sus meditaciones. Los haré cuanto antes, con mucho gusto. Y para su confesión iré a La Chapelle, si puedo, el próximo sábado.
Buenos días, señorita. Le deseo un corazón totalmente lleno del de Nuestro Señor, y soy, en el amor del mismo r c señorita, su muy humilde servidor,
V. D. P.
Jueves, por la mañana.
Creo que convendrá que aguarde hasta después de los ejercicios para ver las faltas de sus hijas y reprenderlas. Hay que pensar en un capítulo.
Dirección: A la señorita Le Gras.







