Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
¡Bendito sea Dios por haber salido ya de su mal y por haberse mantenido hoy sin ir a misa! Le pido, por amor de Dios, que cuide de su salud, sin ahorrar ningún esfuerzo.
Si necesita dinero, dígamelo; quizás incluso le debamos algo. Ya me lo dirá el padre Dehorgny, o usted, si le parece bien.
He visto a esa muchacha y no sé qué decirle de ella, sino que me parece bien su plan de verla tres o cuatro días antes de que entre. Le he entregado para ello medio escudo para vivir.
Ayer vino acá su doble primo el señor de Rebours. Quedamos de acuerdo en que lo mejor para su hijo es el estado eclesiástico; en segundo lugar, que su temperamento parece tender más bien a él que al mundo; 3.°, que quizás ha sido ese joven el que ha embarullado su fantasía en esto y el que le ha hecho acordarse de las pequeñas aversiones de la comunidad de san Nicolás; pero que, si las cosas se le representan debidamente, la razón volverá a ocupar su puesto; que es peligroso favorecer su fantasía dándole un hábito corto, a no ser para ir al campo: incluso allí tendrá que ser modesto. Y si después de todo esto persevera, in nomine Domini, habrá que echarle una mano. Pero aceptar fácilmente el cambio de disposiciones que ha parecido tener durante toda su vida de ser eclesiástico, como consecuencia de la alteración que ese joven libertino ha causado en su espíritu, no creo que sea conveniente. Por favor, esté por consiguiente tranquila por esta parte, señorita. Nuestro Señor lo dirigirá todo. No tenga miedo ni andemos con prisas.
Yo estoy bastante bien, gracias a Dios, y soy, en el amor de Nuestro Señor. s. s
V. D.
Dirección. A la señorita Le Gras, en La Chapelle.







