Señorita:
No pude contestarle ayer, porque me sangraron, ni esta mañana, porque tuve que tomar la medicina.
Le diré brevemente, sobre el alojamiento de su hijo, que prefiero una vez consideradas todas las cosas, ponerlo con el señor Rebours, si se queda aquí y no cambia de alojamiento; pero, si lo hace, no veo nada mejor que el señor Coqueret. El trato con otros eclesiásticos le resultaría difícil o inútil. Sé que tiene muchas cosas contra este último y que yo he previsto; pero así es como pienso. El señor Rebours no dejará tan pronto su alojamiento; y aunque lo dejara, aprovéchese de ese tiempo; luego ya veremos. Entretanto, será conveniente que le deje venir con nosotros, si quiere que le aproveche la corrección que le hizo estos días pasados.
Envío la carta de la señora Goussault, que acabo de recibir.
Dígame lo que piensa sobre la cuestión de sus hijas, tanto para ese lugar como para el país de Auvergne.
Si fuese una mujer valiente, rompería con sus pequeños entretenimientos y ternuras maternales, y robustecería su cuerpo y su espíritu con la visión de tantas ocasiones para hacer el bien. Hágalo así, en nombre de Dios, señorita. Dios sabe lo que yo soy para usted y lo que usted es para mí, y que soy…
Le ruego que me conteste esta misma tarde.







