Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No puedo decirle cómo el consuelo que me ha proporcionado su carta ha suavizado la amargura de la noticia de la enfermedad del buen padre Dufestel. Doy gracias a Dios por las dos noticias, no ciertamente sin reprender mucho mis malos sentimientos, que se revuelven contra la aceptación que deseo dar a la adorable voluntad de Dios. Le escribo y le ruego que haga todo lo posible, sin ahorrar nada, por hacerse tratar. Le suplico, padre, que ponga cuidado en ello y, para ese efecto, haga que el médico lo vea todos los días y que no le falten ni los remedios ni el alimento. ¡Oh, cuánto deseo que la Compañía sea santamente generosa en esto! ¡Me sentiría lleno de gozo si de algún lugar me dijeran que alguno de la Compañía vendió los cálices para ello!
¿Y qué le diré de la misión de Saint-Lyé? Hay que retrasarla, con el beneplácito de monseñor hasta que esté totalmente curado y haya vuelto a su antigua salud. Por eso, no hay peligro en que vaya a visitar esos pueblos y les haga esperar con agrado, hasta que se pueda cómodamente tener allí la misión.
Bien, ahora resulta que tiene que tener la solicitud de Marta, por el amor que tiene al padre Dufestel y a toda la Compañía. Ruego a Nuestro Señor que vele y trabaje con usted en la recuperación de la salud de ese su servidor.
Saludos al buen padre Savary y a nuestro hermano Renato y soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
Dirección: Al padre du Chesne, sacerdote de la Misión, en Sancey







