Señorita:
Esa buena señorita me da tanta compasión como a usted; pero ¿qué remedio? Ninguna religión se encargará de ella con tanta incomodidad. ¿No sería mejor devolverla a su país? Si le parece bien tratar en serio de ella con la señorita Musnier y conservarla todavía otros quince días, está bien.
Esta mañana he escrito a la señora Traversay que llene las plazas vacantes de niños, hasta siete, parte de ellos en el Hôtel-Dieu, y parte en La Couche, hasta que tenga otra nodriza, una cabra y una vaca.
Bárbara no podría venir tan temprano para poder hablarle.
Buenos días, señorita, soy su servidor,
V. D.
Dirección A la señorita Le Gras.







