29 agosto 1638
Alabo a Dios, padre, por la gracia que le ha concedido de superarse de la forma en que lo ha hecho a propósito de la instancia que se le ha hecho de ir a su tierra, y le ruego que se haga soberano y señor absoluto de su propia persona, de modo que no tenga más que un solo querer y no querer con Dios siempre y en todas las cosas, lo cual es ciertamente el estado perfecto de las personas de nuestra vocación. Pero el consuelo que mi alma ha recibido por esa parte se ha visto mezclado con el dolor de su indisposición. En nombre de Nuestro Señor, haga todo lo posible por recuperar la salud y cuidarla para servir a Dios y a los pobres el mayor tiempo posible. Ese cuidado moderado no impide la generosidad que hemos de tener de exponer nuestras vidas en toda ocasión por la salvación de nuestro prójimo. Oh padre, (cuán instantemente pido a Dios que nos anime de esta generosidad!







