Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Estoy más consolado de cuanto podría expresarle por las noticias que me da su carta, que acabo de recibir, y doy por ello gracias a Dios y al buen señor Pecoul. (Oh Dios mío, cuántas obligaciones tenemos con ese gran siervo de Dios! Le ruego le salude muy humildemente de mi parte y le asegure mi gratitud.
Creo que no hay que pensar en pleitear con el señor procurador del rey: haría que fuese doblemente contrario y no tiene ninguna necesidad de ello.
Haré que trabajen desde mañana por obtener las cartas que se necesitan para su sobrino. No es necesario que se detenga allí, ni que encargue a ningún amigo de la expedición de esas cartas. Es un asunto que va para largo, y no sé si será conveniente urgirlo actualmente en caliente. Los asuntos criminales quieren envejecer para mejor llegar a buen fin. Traiga de allí todas las memorias que pueda. Será conveniente que pida consejo a uno o dos famosos abogados de Amiens para ver cómo ha de proceder, y reunirlos para este efecto. Y cuando venga, haremos aquí lo mismo; y traiga, por favor, su parecer por escrito.
Con mucho gusto enviaremos lo que nos dice a la buena sobrina de su señor bienhechor, a quien saludo y soy para él, como para el padre Leleu y para usted, padre, su humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
Después de recibir la presente, volví a leer su carta y vi que se necesitaban algunos datos de allí para obtener las cartas reales. Retrasaremos nuestro trabajo hasta que vuelva; en efecto, ahora no sabríamos sobre qué basarnos.
Dirección: Al señor Antonio, capellán organista [de] Notre-Dame, que vive cerca de san Remigio para que la entregue al padre Bécu, sacerdote de la Misión, en Amiens.







