Volví ayer por la tarde de Pontoise. Voy a responder a su última. Habrá que pensar de veras en los niños expósitos Se celebra hoy una reunión en casa de la señora presidenta Goussault. Me gustaría que pudiese asistir y que escribiese a la citada señora para que le envíe su coche. Es verdad que creo que le pedirá que asista a la de san Esteban su superiora, la señora de Beaufort. Si así es, creo que convendrá que vaya y que me indique su parecer sobre la propuesta del señor Dieu y la del señor Foucauld a los señores del cabildo. Le pido también me diga si es cierto lo que me ha dicho la señora Goussault, que conoce algunas buenas jóvenes devotas que están dispuestas a dedicarse a catequizar a las mujeres del Legat, en lugar de las 14 damas. Creo que es de desear que se haga así; de otra forma, estaremos siempre con el miedo de que dichas damas contraigan allí la enfermedad. Envíeme la respuesta a casa de la señora Goussault a eso de las 3, por favor.
Es verdad que me han dicho que las cosas van mal en el Hôtel-Dieu y que es de desear que su salud le permita ir a pasar allí dos o tres días. Ya verá.
He hecho decir a Juana, de san Lorenzo, que vaya a La Chapelle.
Las damas de san Sulpicio tienen un apego maravilloso a su hermana Juana. Se las mortificará si se la quita. Habrá que avisarle de sus defectos.
Espero que no será nada la indisposición de su hijo: una salud mayor después de esa ebullición de sangre.
Tiene razón al destinar a María-Dionisia a san Esteban. Desconfío de esa Caridad por la condición del espíritu de las personas que se mezclan en ella y porque se mezclan también algunos hombres.
Buenos días, señorita. Soy s. s.
V. D.
Dirección: A la señorita Le Gras.







