Después de hablar de las maniobras a las que se entregaba la señora Pelletier ante las autoridades eclesiásticas y judiciales para separar a san Vicente y a las Damas de la Caridad de la administración de los niños expósitos y quedarse ella sola de dueña, Luisa de Marillac añade:
*Pero tengo confianza en Dios que sabrá hacer brillar su gloria en este enojoso suceso. Se lo suplico de todo corazón, y que El le conceda salud para este mismo objeto. Espero de su bondad que nos haga participar del mérito de sus sufrimientos y santos sacrificios, ya que conoce bien nuestra necesidad»







