Mi queridísima Madre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Está aquí el padre du Coudray, uno de nuestros misioneros, que va a hablar con vuestra reverencia sobre el proyecto del contrato de la fundación de monseñor de Troyes. El señor comendador lo ha encontrado a propósito para servirse de él. Se trata de la obra de sus manos. Ha querido su divina Majestad dar a usted la gracia para ello. Espero, mi querida Madre, que vuestra reverencia nos la obtendrá para servirle según sus designios. ¡Oh, mi querida Madre! ¡cuántas bellas piedras preciosas añade a la corona que Nuestro Señor le está modelando! Ciertamente, su número será tan grande como el de almas que se salvarán por este medio; pero para que los pecados y miserias de esta pobre y ruin Compañía, y especialmente los míos, no sirvan de obstáculo a la obra de Nuestro Señor, le suplico, mi querida Madre, que le pida o que nos quite del mundo, o que nos haga tales que podamos cumplir con los servicios que su divina bondad espera de nosotros. No le doy las gracias por todo esto. Sólo Dios es digno de hacerlo y de ser El mismo su recompensa. Lo mismo digo a su santa comunidad, que tanto ha orado y tanta penitencia ha hecho para esto. Le ofrezco, a usted y a ella, mi perpetua gratitud por esa gracia que nos ha concedido, mi querida Madre, y una sumisión eterna a sus deseos, que son los de Nuestro mismo Señor, en cuyo amor y en el de su santa Madre soy, mi queridísima Madre, su muy humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
París, 22 enero 1638.
El padre du Coudray lleva órdenes de hacer todo cuanto le ordene, mi querida Madre. Mande, pues, mi querida Madre, y será obedecida.
Dirección: Reverenda Madre de la Trinidad, Superiora del monasterio segundo de Carmelitas de Troyes.







