Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No me ponga excusas, por favor, por haber enviado a su hijo al colegio; tiene pleno poder para ello. Lo recibo como gracia de Dios; y en caso necesario, envíelo acá, si le parece bien. Todo es para usted y para él. Estoy muy contento de ver cómo siente perder sus lecciones; eso está bien.
Vi ayer al señor Holden; hablamos un poco del espíritu del martirio; pero la primera vez será del de caridad, que tan necesario es a un espíritu apostólico.
Si la hermana del hermano Juan es apropiada, creo que el pobre muchacho la considerará muy feliz de poder ser de la Caridad, le hablaré de ella a él y a las hijas de usted mañana después de comer aquí mismo: me sería difícil ir a otro sitio.
Si Bárbara quiere entrar en religión, oblíguela a decidirse con toda mansedumbre, por favor; pronto se cansará ella de la religión, o la religión de ella.
Y de esa otra joven del Hôtel-Dieu, más vale deshacerse pronto que tarde; cuanto más aguarde, más ruido hará su salida. Bien sabe cómo es y hay que hacer comprender a las demás que no está ahí para quedarse, que ha querido ponerse allí a cubierto por algún tiempo para entrar en religión. Y si Bárbara persevera, que dé gracias a su prima y que le diga, como ha dicho a usted, que se ha entregado a Dios en la persona de los pobres. No he podido hablar con Bárbara, estoy demasiado ocupado.
Estoy contento de la memoria y la proseguiré. Haré venir a las jóvenes de San Lorenzo.
Creo que el viaje largo ha quedado retrasado indefinidamente; haré otro más pequeño de cuatro o cinco días solamente, a dos o tres días de aquí, si Nuestro Señor quiere.
Soy en su amor, señorita, su servidor
V. D.
Dirección: A la señorita Le Gras.







