Señorita.
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Ayer me purgaron; esa fue la causa de que no le contestara, junto con una pequeña ocupación que tuve por la tarde. Vi anteayer a la buena señora presidenta Goussault, bastante animada al comienzo de su mal. Pregunté ayer por ella. Me indicó que no tenía una enfermedad tan grave, pero que le habían sangrado el pie en el agua. Iré pronto a verla. Su indisposición me impide decir a usted que haga la caridad de ir a verla. Sé muy bien que su presencia le sería de gran consuelo y utilidad; pero, como temo, terminará por ir a verla. Si puede soportar el coche sin muchas molestias, pase. Pero, en nombre de Dios, si tiene la más pequeña incomodidad, no lo haga; le causaría daño.
Voy a ver a la señora de Marillac, Si me cree, terminará con ese asunto. Será bueno para su piedad mortificarse en esa satisfacción que tanto desea. Esto dará origen a bendiciones en lo que se refiere a su hijo. He aquí lo que pienso decirle. Pero no le diga mi manera de pensar, por favor, hasta que le haya visto y dicho el resultado de nuestra entrevista de hoy. El señor de Beauvais me ha dicho que nos vería a los dos juntos para esto. Ya veremos.
Buenos días, señorita. Le ruego que encomiende a Nuestro Señor un asunto.
Soy en su amor, señorita, su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
Domingo, a las siete y media.
Dirección: A la señorita Le Gras.







