Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Estoy muy satisfecho por lo que me dice de esas buenas jóvenes de Liancourt y especialmente de esa que sabe hacer encaje. Se lo podrá enseñar a las pobres gentes y les servirá de atractivo para las cosas espirituales. Envíelas, pues, cuando le plazca.
No veo que sea necesario que la señora Goussault esté con usted a la hora de hablar con la señora Mussot o con esa pobre mujer. Si ninguna de las dos se aprovechase de lo que les dirá usted, entonces podrá hacer intervenir a dicha señora, a no ser que, por estar alojada en casa de ella, las mandase buscar allá. Pero eso sería retrasarse demasiado, según temo. No obstante, si la dulzura de su espíritu necesita un poquito de vinagre, pídale prestado un poco de su espíritu a Nuestro Señor. ¡Oh, señorita, qué bien sabía El buscar el agridulce cuando era menester!
Soy, en su amor, señorita, su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
Día de todos los Santos, por la tarde.
Dirección: A la señorita Le Gras.







