Señora:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Acabo ahora mismo de recibir la suya, que me ha consolado porque me ha hecho ver el estado de su salud y el de la misión, y doy gracias a Dios por ambas cosas y porque quiere usted añadir a sus buenas obras la de recibir al señor Le Roux y a la señorita Le Gras. Si ella está en situación de poder ir a verla, creo que será bien empleado y se lo indicaré.
El cargo de bailío lo quiere el señor prior para un sobrino suyo, que es un hombre hábil y de probidad. Puede creer que, si todo dependiera de mí, usted sería entonces omnipotente.
El padre Cuissot me pone unas palabras en su carta que me hacen dudar de si los misioneros se alimentan a sus expensas. ¡Dios mío! señora, ¿habrá abierto usted esa brecha en la misión y el padre [Cuissot] se habrá dejado llevar a esto? Le escribo y le ruego que, una vez recibida mi carta, empiece a actuar del modo acostumbrado. Es todavía nuevo y no le he hablado antes de su partida. Soy yo sólo el que ha cometido una equivocación en todo esto.
Tenemos aquí seis o siete personas enfermas, la mayor parte con disentería. Diga a Dios unas palabras sobre ellas, por favor.
Soy en su amor, con tal que esté siempre muy alegre, señora, su humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
París, día de San Luis.
Dirección: A la señora presidenta Goussault







