Dios la bendiga, señorita, por haber ido usted a poner sus hijas al servicio del Hôtel-Dieu y por todo lo que de ello se ha seguido. Pero, en nombre de Dios, consérvese bien. Vea la necesidad que tenemos de su pequeñez y lo que esa obra llegaría a ser sin usted.
Doy además gracias a Nuestro Señor por haber hecho a sus hijas tan buenas y generosas. Parece ser que su bondad suple todos los defectos que en ellas ve usted. Yo no conozco aquí otras iguales. Me informaré s; dos o tres que están a dos leguas de aquí y viven muy ejemplarmente desde hace cosa de un año querrían quizás, o alguna de ellas, dedicarse a ese género de vida.
En cuanto a lo que me dice de su hijo, creo que no hay que escuchar su proposición de salir de París. No es posible imaginar cuántas vicios contraen irremediablemente la mayor parte de los que lo hacen, a no ser cuando sus padres lo hacen por si mismos en alguna ocasión especial, como ha ocurrido con algún pariente jesuita y algún doctor de aquel país. Hay que procurar con mansedumbre y con paciencia que cargue con el tiempo y con los ejercicios. Sin embargo, someto todo lo dicho a su mejor parecer y le ruego que cuide de su salud; soy, en el amor de Nuestro Señor su humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Fréneville, 30 diciembre 1636.
Dirección: A la señorita Le Gras, en La Chapelle.







