Noviembre 1636
Todos nuestros enfermos se han curado de la fiebre y todo, gracias a Dios, ha ocurrido sin accidente alguno; y todos se encuentran bien en los cuatro lugares en que se celebra la misión, y también aquí, de forma que al parecer Nuestro Señor tendrá piedad de esta pequeña compañía, por la intercesión de la santa Virgen, a la que hemos enviado a visitar para este efecto al padre Boudet, en Chartres. Todo está, sin embargo, dentro del orden de la Providencia, que quizás desee disponer de las cosas de otra manera. ¡Sea bendito su santo nombre! El es el señor y lo hace todo para nuestro mayor bien. Dejemos que lleve El las cosas .
Le he querido decir todo esto al principio, porque creo que es la cosa del mundo que más le puede contentar; y le confieso que lo que me dice en su carta me hace ver con claridad la parte que su corazón ha tomado en esta calamidad; y me parece que jamás hasta ahora había conocido mejor las profundas raíces que había echado en usted la caridad para con las personas de esta corporación, y no puedo expresar cuánto me ha enternecido esto.
Pues bien, ¡bendito sea Dios por todo y porque ha querido echar los cimientos que le han vinculado más estrechamente a la compañía, y por medio de la compañía a El! Le agradezco de todo corazón los empleos que le ha dado y la manera con que estoy convencido que los desempeñará, y especialmente por la forma con que ha tomado el asunto de esas buenas religiosas reformables y que podrán ser reformadas efectivamente por el consejo y la orden que el señor Cardenal ha establecido para ello en París. Sólo le diré esta palabra, que debemos en casos semejantes contentarnos con proponer el bien que pueden hacer aquellos de quien depende, sin que por eso, aunque se haya emprendido un asunto, tenga que salir bien necesariamente. Los ángeles buenos se contentan con proponer y dejan que el resto lo vaya haciendo Dios y las personas que están confiadas a ellos.
Saludos al padre Grenu y también para usted con todo el cariño que me es posible…







