Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No hay ninguna prisa para que haga ahora su pequeño retiro. Antes tiene que curarse y luego veremos, y gane entretanto su jubileo, pero sin ayunar: está enferma. El señor párroco la dispensará. Podrá hacer confesión, y si desea que sea desde la última general y que yo la sirva en esto, creo que no saldré para un pequeño viaje de siete u ocho días hasta la semana próxima.
He despedido a Juana de But. Temo realmente, como usted, que hay algo allí. Si así no fuese, no se la habría dejado tanto tiempo sin enviarla a visitar, o sin hacérmelo [saber]. Hay que cumplir con ella algún tiempo.
La señora Goussault tiene que venir el primer día. Su hijo de usted me habló, el pasado sábado, del lugar en donde tiene que estudiar. Le desaconsejé las universidades alejadas; a lo cual condescendió de muy buena gana, porque creo que esto respondía a su parecer, o porque usted le había dado a conocer que respondía al suyo.
Ayer por la tarde vi al señor de Liancourt…
Cúrese y cuide esmeradamente de su salud y soy en el amor de Nuestro Señor…







