Padre:
La señora Traversay me indicó ayer que le advirtiese que será el jueves cuando las damas se reunirán donde sabe usted, y que estará también allí la señora del canciller.
Sentí mucho no poder hacerle saber ayer la conducta del padre d’Attichy en la visita que le hizo a la señora duquesa a propósito de mi hijo y que hacía ya mucho tiempo que la proyectaba sin que yo supiese nada, y que, al encontrarlo en las carmelitas, adonde la señora condesa de Maure me hizo ir para su asunto, me dirigió un reproche, quejándose del bien que tenía mi hijo y de que yo no hacía nada por él. Y la señora de Maure a la vez me dijo que yo tenía bastante trato con el señor de Noyers para haberle hablado anteriormente. Todo lo que hice fue escribir dos días más tarde al padre d’Attichy, e indicarle que todo cuanto yo advertía que había faltado al deber de una buena madre con su hijo, era por no haberle dado a conocer que mi difunto marido lo había gastado todo, su tiempo y su vida, en el cuidado de los asuntos de su casa, olvidando por completo los suyos propios, y que, para reparar esta falta, yo le suplicaba que, puesto que había decidido cuidar de él sin saberlo yo, que se tomase la molestia de decirle a dicha dama que el señor de Noyers me conocía por haberme visto con frecuencia en casa del señor guardasellos de Marillac, y que yo creía que usted le daría conocimiento de mi hijo, si se hablaba de él.
Delante de Dios, eso es todo lo que yo he hecho en este asunto. Le suplico muy humildemente que lo crea; yo no lo hubiese hecho de ningún modo sin el encuentro con esas personas, sin saber nada del asunto, y que tampoco lo sabía mi hijo. Suplico a nuestro buen Dios que le dé el conocimiento de su voluntad en este asunto y que le haga conocer que yo preferiría antes morir que ofenderle en cualquier cosa, ya que soy, padre, su muy obligada esclava y humilde hija,
L. DE MARILLAC
Martes.
Dirección: Al padre Vicente.







