Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
A mi regreso he sabido su indisposición. Esto me ha contristado. Ruego a Nuestro Señor que le devuelva una perfecta salud, como aquélla que tanto me alegró la última vez que la vi. En fin, es usted hija de la Cruz. ¡Oh! ¡qué felicidad! Dígame, por favor, si esa pequeña recaída le ha perturbado un poco.
Creo que no conviene dejarla más en medio de esas alarmas. Más vale que se retire. Esto no impedirá, si las cosas se calman, que vuelva luego adonde está, a gozar de ese buen aire. No tengo miedo al ejército español, sino a algún encuentro semejante al que ha tenido lugar. Entretanto, le doy las gracias por el cuidado que tiene de nosotros, le suplico que lo tenga también de su salud, que ruego a Nuestro Señor le devuelva siendo, en SU amor, su humilde servidor.
VICENTE DEPAUL







