Señorita:
Ya estoy de vuelta con mejor disposición, gracias a Dios; pero estamos en medio de las armas que se están distribuyendo a los soldados, Si le traen a esas pobres chicas de Liancourt, no veo ningún inconveniente en que las reciba en su casa entretanto, y que atienda a esa buena viuda para arreglarla; después de ello, la señora de Liancourt podrá colocarlas en algún otro sitio. Es lo que me parece mejor; ¿lo cree así usted?
Nada contesto a la queja que me da sobre mi viaje y mi estancia en La Chapelle sin ir a verla; recurro por segunda vez a su caridad y espero que no tendrá que aguardar la tercera para perdonarme. Espero tener el honor de verla dentro de dos o tres días, y entretanto soy, en el amor de Nuestro Señor…







