Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Ya está a punto de partir nuestra queridísima hermana. (Bendito sea Dios porque la quiere librar de tantos sufrimientos y recompensarla por todos los servicios que le ha hecho! Una pequeña incomodidad que sufro me impide ir a darle el último adiós; lo haré desde el altar en donde espero verla en Nuestro Señor más perfectamente que en su casa. Habiendo pensado y repensado sobre la propuesta que me ha hecho sobre la disposición de su cuerpo, creo que no conviene enterrarla aquí. Le diré la razón. Honre en esto la diferencia de los sepulcros de Nuestro Señor y de la santa Virgen, y consuélese en la aceptación de la adorable buena voluntad de Dios, por favor. Confieso que esto es fácil de decir; pero las lágrimas de Nuestro Señor sobre Lázaro nos hacen ver su dificultad. Si llora, que sea poco; pero después de esto, manténgase firme. Admiro con frecuencia la constitución firme de los buenos religiosos y religiosas en la muerte de los suyos. ¡Oh, quién nos pudiera hacer participar en la disposición que tenía la santa Virgen en la muerte de su Hijo! Iré a pedir ante el altar de una parte de la misma para usted. Si quiere recomendar en sus plegarias a la pequeña Compañía. Le ruego que lo haga; me refiero a la de nuestras hijas y a nuestra pobre Compañía, y a mí particularmente que tengo más necesidad y que soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Sábado, por la mañana.
Dirección: A la señorita Le Gras.







