Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No he visto jamás a una mujer como usted, ni que tome ciertas cosas tan fuerte que en cualquier cosa vea un crimen. La elección de su hijo, dice usted, es un testimonio de la justicia de Dios sobre usted. Está ciertamente equivocada al dar lugar a estos pensamientos y más aún al manifestarlos. Ya le he dicho en otras ocasiones que no hable de ese modo. En nombre de Dios, señorita, corríjase y sepa de una vez para siempre que esos pensamientos amargos son del maligno y que los de Nuestro Señor son mansos y suaves, y acuérdese de que los defectos de los hijos no siempre se les imputan a los padres, especialmente cuando éstos los han hecho educar y les han dado buen ejemplo, como usted ha hecho, gracias a Dios, y que Nuestro Señor permite por su Providencia admirable que algunos padres y madres santos se vean desgarrados en sus entrañas. Abraham sufrió por Ismael, Isaac por Esaú, Jacob por la mayor parte de sus hijos, David por Absalom, Salomón por Roboam y el Hijo de Dios por Judas; y, por la gracia de Dios, usted no ha llegado hasta eso, sino que, por el contrario, tiene motivo para alabar a Dios por lo que le ha dicho el señor Holden; porque le ha dicho la verdad. Su hijo vino ayer a ver al padre de Sergis, se confesó con él y le dijo absolutamente que estaba decidido a servir a Dios en el estado eclesiástico, y algunas otras circunstancias que me han consolado mucho; pero al presente no me acuerdo cuáles son. Así pues, dé gracias a Dios por esto y esté alegre.
La señora Goussault me dijo ayer que ha hecho el contrato de la casa. Tendremos que vernos para ver quién la llevará. Creo que es muy conveniente que retenga a esa buena muchacha hasta entonces. No conozco a la otra da la que me habla, que todavía no está en casa de ustedes.
No sé si podré ir el domingo a su barrio y si, cuando vaya, tendré que hablarles en la capilla, que es tan poco sana. Habrá que hacer lo posible para que sea en casa de la señora Goussault, aunque será mejor que antes la vea a usted en particular.
Animo; le deseo la paz de Nuestro Señor y soy s. s.
V. D.
Hay que retrasar también la propuesta acerca de su casa. Lo que me dice de volverla a alquilar amigablemente, me parece bien.
Dirección: A la señorita Le Gras.







