Señorita:
Me he dado cuenta de lo que me ha indicado del señor Massé. Lo he tratado sin embargo con el señor Caignet, confesor de la señora Goussault; pero no sé si nos decidiremos por el uno o por el otro. Uno de esos señores me ha propuesto otro al mismo tiempo; hablo de esos señores de Nuestra Señora. Esto es secreto.
Me parece muy bien el pensamiento que me propone sobre su hijo, con tal que le haga con mucha simplicidad esa proposición y le deje libertad para usar de ella como le parezca.
Así pues, hay que dejar a esas buenas hijas de Sucy. Esta y su madre desean, sin embargo, que tenga con la hija de la Retaux la caridad de conservarla hasta Pentecostés, no tanto para que se entregue a esa Caridad como porque desea aprender algo para hacerse capaz de enseñar a los niños de Sucy con el tiempo. Por eso, si la parece bien, haga la caridad de intentarlo, señorita, y ya avisaremos para que envíen lo que sea preciso para ello. Me olvidé ayer de hablar de esto con la señora guardasellos.
Si viene usted el martes próximo, por la mañana, con sus hijas, iremos a La Chapelle: es una aldea cerca de aquí según se va a Saint-Denis; pero tendrá que recordármelo el lunes por la tarde.
¡Quiera Dios que no tenga que lamentarme de lo que he dicho a las jóvenes! Creo que haría bien si fuera a visitar a las de San Pablo. Me gustaría que pudiese ver también a las de esta Parroquia.
Entretanto. señorita, soy su muy humilde servidor,
V. DEPAUL
Sábado, a las 9.
Dirección: A la señorita Le Gras.







