Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Estoy ya de vuelta y con buena salud, gracias a Dios, pero preocupado por la suya. Iré a verla lo más pronto que me sea posible, incluso hoy mismo, si puedo. Haga entretanto todo lo que pueda para estar bien, por favor. No puedo decirle cuánta necesidad tiene el pobre pueblo de que viva usted largo tiempo, y no lo he visto nunca con tanta claridad como al presente.
Esa buena joven me parece que tiene bastante buen espíritu y buena voluntad. Su única dificultad es que ha estado en religión: pero me ha dicho que, al entrar allí por coacción, tenía sin embargo su corazón en la Caridad. Por eso creo que no hay peligro en intentarlo. Y de la buena viuda que la acompaña, me parece ruda, muy melancólica y tosca. Creo que hay que despedirla con mansedumbre y decirle que hay que pensarlo mucho.
Buenos días, señorita. Soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor
V. DEPAUL
Dirección: A la señorita Le Gras.







