29 agosto 1635
Señor:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Yo, señor, no le puedo expresar los sentimientos que Nuestro Señor me comunica a causa de las innumerables obligaciones que para usted tengo, por el afecto tan grande que ha tenido para los padres de la Salle y Brunet y por las atenciones que les ha prestado en los negocios que ahí hemos tenido.
Estoy aún confundido por la caridad que ha tenido y aún tiene de continuo con mi pobre hermano. Y porque usted ha hecho todo eso por amor de Dios, y porque el reconocimiento de tanto favor está por encima de lo que puedo, ruego a Nuestro Señor que él mismo sea su agradecimiento y recompensa, asegurándole que no habrá un día en mi vida en el que yo no guarde este sentimiento y que no busque las ocasiones de honrarle, y de servirle. Míreme, por tanto, desde ahora, señor, como una de las personas sobre las cuales puede disponer absoluta y soberanamente. Disponga de nosotros como quiera y háganos el favor, en nombre de Nuestro Señor, de venir a nuestra casa, cuando se acerque a la ciudad este otoño. Si usted desea mientras tanto que le enviemos el dinero que usted nos ha proporcionado desde ahí o que nosotros lo llevemos desde aquí, puede, señor, mandar y nosotros obedeceremos en esto y en todo. Y si le parece adelantar lo que mi pobre hermano necesita ahí, por la multa que le han impuesto, por los gastos del proceso y por los de la apelación, yo se lo devolveré con creces.
Se me ha dicho que mi hermano tiene la idea de venir a esta ciudad para verme, yo le ruego, señor, que le disuada, a causa de su avanzada edad, y porque cuando él esté aquí yo no le podré dar nada, no teniendo nada para poder dárselo.
Hablo al buen señor de Fonteneil como al corazón de mi corazón y como a aquél a quien yo más quiero, más de lo que puedo expresar, y que soy, en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL







