Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Creo realmente que conviene empezar a hablar a esa joven del Hôtel-Dieu de su limpieza y modales. Pero ¿cómo lo va a hacer? Quitarle su manera de vestir, me parece que no es factible ni conveniente. Me parece que sería oportuno quitarle la afición a parecer bien vestida y descuidarse un poco en ello. Usted verá.
Sobre el Hôtel-Dieu, no es conveniente estar siempre allí, sino que lo mejor es ir y venir. No tema por lo que podría hacer sin tanto ir y venir; sino tema solamente el pensamiento de hacer más de lo que hace y que Dios no le dé el medio de hacerlo, y entréguese a su divina Majestad para no hacer jamás sino lo que hace. El pensamiento contrario me hace temblar de miedo, porque me parece un crimen para los hijos de la Providencia. Alabo a su divina bondad porque me quitó ayer usted esta preocupación.
Veré a sus hijas en particular y luego en general; y usted me dirá todo cuanto guste lo antes que me sea posible.
No tenga miedo de ese viaje; me parece que va menguando la ocasión de hacerlo. Quizás pueda hacer uno, de tres o cuatro días solamente, para ir a ver dos granjas que nos ha dejado la buena señora presidenta de Herse, a doce leguas de aquí. Entre tanto, ruegue a Dios por mí.
Soy, en el amor de Nuestro Señor, su servidor muy humilde,
VICENTE DEPAUL
Dirección: A la señorita Le Gras.







