Me extraña mucho, señorita, que no haya recibido dos cartas mías una de las cuales la dirigí al señor Teologal de Beauvais y la otra se la entregué para que se la diera en propia mano. Pues bien, él me dice que le envió la primera, y que, respecto a la segunda, como ya había marchado usted para Bulles procuraría que se la entregaran. La verdad es que no sé qué pensar. Pero, en fin, esto no tiene importancia; hay que aceptar todas las cosas que nos mande la Providencia.
En cuanto a Gournay, si está ahí la señora presidenta, que no lo sé, ni lo puedo saber, ya es demasiado tarde para enviar allá las cartas. Si acaso está allí, pienso que necesitará por lo menos dos días. Désela, pues, si le parece bien.
El padre de la Salle ha visto a la mujer que la señora de Longueville ha hecho encerrar en Creil, según deseos de la señora de Liancourt. Dirá, por favor, a dicha señora que él no ha podido obtener d- esa buena mujer más que la promesa de hacer todo lo que se quiera, con tal que se la deje en libertad, y que no volverá a caer de nuevo en el mal. Y, por lo que respecta a las encarceladas, el señor de la Salle cree que dicha señora no se entenderá con ellas.
Saludo muy humildemente a dicha señora y soy su servidor.
Recibí la carta y las llaves que me envió la señora de Longueville.
En cuanto a la pena que tuvo y que me indica al final de su carta, ya hablaremos de ella.
Saludos a la señorita Poulaillon.
La señora presidenta Goussault volvió hace dos días.
Soy
V. D.
Dirección: A la señorita Le Gras, en Liancourt.







