… Si le parece conveniente abrirse con él, hágalo; si no, no le diga una palabra. Le remito la carta de la señora de Villegoubelin. Después de sus ejercicios hablaremos sobre su contenido. ¡Ea!, ¿cómo está? ¿Se apura por algo? En nombre de Dios, actúe tranquilamente de la manera como se podría imaginar que actuaba nuestro bienaventurado padre monseñor de Ginebra.
Buenos días, señorita. Soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
Martes por la mañana.
Dirección: A la señorita Le Gras.







