Señorita:
La gracia de Jesucristo Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
El señor de Cordes me ha rogado que le diga, como muy humildemente lo hago, que tenga a bien pasar mañana por QuinzeVingts para ver a las oficialas de la Caridad, por la mañana, y los otros días después de comer. Cree también que la presencia de la señorita Poulaillon no vendrá mal y que esto animaría a esas buenas mujeres. Hay en aquel lugar algunas prácticas distintas de otros sitios: los enfermos tienen que ser recibidos por orden de los señores maestros de ese hospital, entre los que se encuentran el señor de Cordes y el señor Lamy, y dicho señor de Cordes me ha propuesto hoy que en adelante es preciso recibir a los mejor acomodados de ellos que lo piden y que ofrecen mantener la Caridad, y que son veinte familias, poco más o menos; pero se piensa que no hay que recibir a los incurables, como son los enfermos de pulmón, los gotosos y otros. Estaría bien proponer a esas buenas personas que diesen veinte o veinticinco gallinas a la Caridad, cuyo cuidado podía entregarse a una de las hermanas. Así podríamos tener huevos, que se venden muy caros por allí.
Buenos días, señorita. Soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor,
V. D. P.
Dirección: A la señorita Le Gras.







