¡Ya tenemos la primera víctima que Nuestro Señor ha querido aceptar de sus hijas de la Caridad! ¡Sea por siempre bendito!
Espero, señorita, que ella será muy feliz, ya que murió en el ejercicio de una virtud con la que no ha podido perderse; porque murió en el ejercicio del divino amor, ya que murió en el de la caridad. Ruego a Nuestro Señor que sea El allí su consuelo y el de nuestras queridas hermanas. Le suplico que les dé a todas los buenos días de parte mía.
Me parece que es demasiado retrasar el entierro para mañana, ya que no tiene otra habitación para ponerlo y tengo miedo de que esto cause demasiada molestia a nuestras hijas enfermas y a usted. Puede decir algo a san Nicolás, si puede ser, esta misma tarde; si no, mañana temprano, envíe la nota como está, pero las oficialas no podrán acudir tan de mañana.
En cuanto a los vestidos de la joven, no veo inconveniente en que se los envíe a su madre; esto no impedirá que tenga con ella la caridad de enviarle unos veinte sueldos o medio escudo por mes. Creo que bastará con enviar a las jóvenes y no a las oficialas de las parroquias.
En cuanto a lo demás que hay al final de su carta, me parece bien, y soy, en el amor de Nuestro Señor…
Dirección: A la señorita Le Gras.







