Señorita:
Le agradezco muy humildemente la caridad que ha tenido con esa buena viuda. Creo que no tomarán a ninguna de sus hijas para el Hôtel-Dieu. Se cree que algunas de las que se han presentado de la ciudad serán más indicadas para representar a las damas en su ausencia, y creo que con razón.
¿Cómo sigue usted? Le ruego que me diga alguna palabra sobre ello. Alabo a Dios con todo mi corazón por los cariñosos afectos que El le da de ser toda para El, y soy, en su amor, su muy humilde servidor,
V. D. P.
Perdóneme que sea tan breve; estoy muy ocupado.
Dirección: A la señorita Le Gras.







